En la sangre
En la sangre En abogados, procuradores, escribanos y demás historias, todo se le iba de las manos a uno si se descuidaba, todo se lo comían entre una punta de alarifes, cientos de miles de pesos, herencias cuantiosas se evaporaban, se hacían humo así, de la noche a la mañana sin saber cómo... Era un escándalo, una picardía, una canallada... ¿Y quiénes venían a pagar el pato al fin? Los infelices huérfanos que quedaban reducidos a la más completa indigencia...
Con él no había peligro de que tal cosa sucediera... no, no, no había cuidado, podía estar tranquila a ese respecto... ¡qué esperanza!... ¡él no era de esos!
Pero manifestando ella no abrigar sombra de duda acerca de la probidad del agente, mostrándose convencida, diciendo que así sería, que bastaba que él lo asegurase, acababa de recordar, mientras hablaba el otro, el nombre de un abogado en cuya casa tenía entrada; lavaba de años atrás la ropa de la familia; era una de «sus marchantas» más antiguas la señora y había sido muy buena con ella siempre, le pagaba puntualmente al fin de cada semana; nunca le descontaba las fallas y hasta solía darle ropita usada de los niños para Genaro.