En la sangre
En la sangre Justamente se encontraba sin escribiente el abogado, acababa de echar el suyo en esos días, un sinvergüenza que lo tenía cansado, un haragán, cachafaz, que lo estaba robando en el vuelto de los vicios, en los cigarrillos, en la yerba y el azúcar para el mate de entre el día:
-Mándeme a su hijo, señora, -concluyó por decir despidiendo aquel a la viuda- veré de lo que es capaz y, si es que de algo me sirve se lo tendré aquí conmigo en el estudio.