En la sangre

En la sangre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Quiso, desde luego, darse cuenta, seguir el curso de la lección, hizo por comprender, para eso había ido él. Imposible; por turno, a un llamado del maestro y poniéndose de pie, hablaban los otros una cáfila de cosas que él no entendía y que seguramente debían ser cosas en latín.

¡Cómo estarían de adelantados, cuando lo sabían así y cuánto tendría que estudiar él para alcanzarlos!

Pero cansado, fastidiado a la larga, distraída su atención, impensadamente, en una mirada errante, alzó los ojos. La bóveda del techo, blanqueada a cal, mostraba una rajadura en el centro, larga, corría de un extremo a otro. Por las dos grandes ventanas que provistas de barrotes gruesos de hierro, en la profunda oblicuidad de la pared alumbraban desde lo alto, alcanzábase a divisar la mancha negra de un tejado. Observó Genaro que eran muchos los vidrios y pequeños; vio que estaba comido el marco por la polilla.

Con gesto maquinal, paseó enseguida la vista en torno suyo. Tenían los bancos profundas incisiones: desvergüenzas de los estudiantes, cortajeadas en la madera con ayuda de sus navajas de bolsillo; otras escritas o garabateadas con lápiz en la pared, a la altura de la mano; insolencias, injurias contra maestros, versos en boga, canciones sucias, de ésas que suelen andar de boca en boca en las eternas corrientes de la humana estupidez.


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