En la sangre
En la sangre Tal había sido siempre su regla, su norma, su criterio, así entendía las cosas él; marchaba con su siglo, vivía en tiempos en que el éxito primaba sobre todo, en que todo lo legalizaba el resultado. Lo demás era zoncera, pamplinas, paparruchas el bien por el bien mismo, el deber por el deber... ¿dónde se veía eso? ¡que se lo clavaran en la frente!, exclamaba haciendo alarde de un cinismo mitad verdadero y mitad falso, entre ficticio y real, afectado, forjado como una arma de defensa, como la justificación buscada del móvil de su conducta y tendencial a la vez, íntimo en él, inherente al fondo mismo de su ser.
La cuestión, lo único esencial y positivo, lo único práctico en la vida, era saber guardar las formas, manejarse uno de manera a quedar siempre a cubierto, garantido, a no dar a conocer el juego ni exponerse...
¿Exponerse?... Eso, eso más bien merecía tenerse en cuenta, eso podía ser serio... que fuera a encontrarse atado él, a enredarse en las cuartas, a asustarse a lo mejor, que le pisparan la bolilla entre los dedos, o se le fuese a caer de la mano, o de algún modo, con el susto, llegase a quedar colgado...
¡Hum!... no dejaba de tener sus bemoles el negocio...