En la sangre
En la sangre
Existía en la calle de Reconquista, entre Tucumán y Parque, un llamado «Café de los Tres Billares», cuya numerosa clientela en gran parte era compuesta de hijos de familia, empleados públicos, dependientes de comercio y estudiantes de la Universidad y de la Facultad de Medicina.
Su dueño, un bearnés gordo, ronco, gritón, gran bebedor de ajenjo, pelado a la mal content e insigne disputador de achaques en historia guerrera y de política, tenía, leguleyo a medias él mismo, una predilección marcada por los últimos.
Iba, en su profundo amor a la ciencia representada para él por el gremio estudiantil, hasta hacer crédito a sus miembros de la hora de mesa y del chinois en épocas adversas de pobreza.
Tras de la maciza puerta de calle, otra de vidriera conducía a un vasto local donde tres billares, grasientos bajo la llama nublosa de los quinqués, en medio de una eterna nube de humo, escalonábanse abonando el letrero de la muestra.
