En la sangre
En la sangre E iba a ser publicado todo eso, pensaba lleno de orgulloso júbilo Genaro, veríase en letras de imprenta él, su nombre, su oscuro, su desconocido nombre, el nombre del «hijo del gringo tachero» aparecería en las columnas de la prensa, circularía de mano en mano, rodeado como de una aurora brillante de fama y de prestigio.
¡Oh! ¡qué le importaban los quebrantos del pasado, las horas mortales de lucha y descaecimiento, el torrente de hiel que había apurado, las ofensas, los vejámenes sufridos, las vergüenzas devoradas en silencio, la larga, la interminable cadena de sus padecimientos!...
¡Eso y otro tanto y más y más, mil veces habría tenido el coraje de sobrellevar resignado, por un minuto, por un segundo sólo en que llegase a sentirse harto, como ahora, de la dicha soberana de vengarse!...