En la sangre
En la sangre
Corto tiempo después, habilitado de edad y en posesión de un poder amplio de la madre, quedose solo Genaro, viose independiente a los veinte años, dueño absoluto de sus actos, desligado, se decía, de todo vínculo en la tierra, libre en fin exclamaba, de realizar a su antojo el programa de vida que se había trazado.
Pero, con gran descontento suyo, una primera y seria dificultad no debía tardar desde luego en producirse. La casa de la calle de Chile había sido alquilada en mil pesos; daban mil quinientos los títulos de fondos públicos; del total, había que descontar cien francos por mes para la madre; el resto era para él.
Al ausentarse aquella, habíale hecho entrega de una suma de dinero, sus ahorros, veinte mil pesos que había economizado mes a mes en los gastos de la casa.
Podía, ¡lo que Dios no permitiera!, llegar a enfermarse su hijo, precisar médico y botica, verse en alguna otra urgencia, y era bueno siempre que le dejara de reserva esa platita. ¿Con qué necesidad andar pidiendo a los otros de favor?
-Pero, ¿y usted mamá?
-¡Oh!, no te aflijas por mí; teniendo el pasaje pago yo, ¿para qué más?
