Música sentimental
Música sentimental SÃ, era mucho más sencillo y más práctico, quedaba asà resuelta la cuestión, cortado el nudo a lo Alejandro, de un revés, en vez de quererme meter a desatarlo como un zonzo.
Si se hubiese tratado de uno de mis amigos, de alguien acreedor a mi respeto, a mi consideración siquiera o de mà mismo, era otra cosa, ¡nobleza obliga y qué remedio! No se pescan truchas sin tomar baños de asiento.
¡Pero Pablo! ¡Qué me importaba a mà de Pablo, ni qué le importaba, por último, a él, cachafaz! Nada, al contrario, de ese modo habrÃa podido después andar diciendo que se lo habÃa fumado al francés y riéndose él mismo a carcajadas de la cosa.
Pero no, tomando a lo serio mi papel, creyéndome padrino en toda forma, hacÃa un drama sangriento de lo que podÃa haber sido sólo una farsa ridÃcula y grotesca.
Me habÃa portado como un chambón y toda la responsabilidad de la sangre que iba a derramarse por mi causa, caÃa exclusivamente sobre mÃ.
Sordamente, entonces, en la corriente negra en que flotaba, con la obsesión tenaz de los remordimientos, mi cabeza excitada trabajaba, buscaba aproximaciones, puntos de analogÃa y de contacto que reagravaran más aún la magnitud de mi culpa.