Música sentimental
Música sentimental Y con la lógica enferma de los monómanos, cuando se les aprieta el resorte de sus neurosis, latigueado por mis nervios, habría seguido así, galopando como un reloj sin péndulo, del comedor donde Pablo acababa de poner por delante al degradado del cónsul una botella de cognac, a la luna, a los infiernos, o a otra parte, si dos golpes dados en la puerta de calle no me hubiesen sacudido de pronto, llamándome al orden y al cumplimiento de mi deber, que era lo que por el momento importaba.
Salí y me encontré con esos caballeros acompañados de un médico.
Hícelos entrar a la sala, pidiendo, un momento después, a mis dos colegas que se sirvieran seguirme.
Reunidos los cuatro con el cónsul, convinimos en los últimos arreglos.
La suerte designó al barón para dirigir el lance. Consultada, luego, sobre la prioridad del tiro, anduve lerdo, saqué la paja corta.
¿Era un aviso, un presagio, iba la suerte adversa a obstinarse en perseguirnos? ¡Si sería que estábamos realmente en la mala!…
Y asaltado de nuevo por mis ideas negras, en el vuelo fugaz de la imaginación aventajando al tiempo, me pareció ver a Pablo tendido en el suelo ya, con el pecho atravesado de un balazo.