Música sentimental
Música sentimental Pero no, furiosa al ver que se le podÃa escapar la presa, cuando quedaba más todavÃa en el fondo del saco, se habÃa dejado arrastrar por sus instintos, desfogando su rabia en la venganza, ese desahogo de las almas ruines.
¡Y quién sabe, al fin, cuánto se habÃa hecho pagar por el conde, qué precio le habÃa puesto a su traición!…
¡De todo era capaz!
¿Por qué, si tanto le dolÃa que él hiciera el amor con otras, no se lo habÃa dicho, por qué no le habÃa pedido que dejara de ver a la condesa?
Él le habrÃa tenido lástima y hubiera roto con ésta. Nada halagaba tanto el amor propio de los hombres como creerse capaces de inspirar una pasión, nada quebraba más su voluntad que las lágrimas sinceras de la amante.
SÃ, se habrÃa dejado ablandar y habrÃa concluido por ceder. Se sentÃa, a pesar suyo, más y más ligado a ella por mil causas: la comunidad de vida, la costumbre, la gratitud, el afecto que insensiblemente esta engendraba, y luego, otro vÃnculo más fuerte: el hijo.
Quién sabe lo que la voz de la sangre habrÃa llegado a despertar en él, hasta dónde habrÃa sido capaz de llevarlo ese infeliz que habÃa tenido la zoncera de creer suyo y cuyo origen no podÃa ser sino otra infamia de las muchas cometidas por su madre.