Música sentimental
Música sentimental —No le haga caso doctor —exclamó, por último—. Pablo quiere reÃrse de mÃ. Por lo visto, está hoy de buen humor, lo que prueba que va mejor de sus heridas. ¿No le parece? —se apresuró a agregar indicándoselas al médico, como deseosa de llamar a otra parte la atención y de que no se ocuparan más de ella.
HabÃa concluido su lavaje.
El mal, ahora, presentaba otro carácter, un aspecto diferente y nuevo. No era ya una herida desgarrada o incisa, según se tratara de una u otra de sus bocas, de contornos fofos y blanquizcos, manando continuamente, como ahogada en un flujo copioso de secreción.
Las llagas, descansando sobre una base dura que invadÃan poco a poco, a medida que se dilataba la aureola color jamón de que se hallaban rodeadas, afectaban una forma circular de bordes netos.
De entre el fondo y en medio de un pus escaso, pero acre, fétido y sanguinolento, se alzaban montones apretados de pellejos informes y nudosos, mientras acá y allá, diseminados por la piel, nuevos focos se formaban atacando el organismo en su maligna energÃa de destrucción.