Música sentimental
Música sentimental —Como no quieren saber los parientes del difunto. Hablar de él entristece y joroba. Por eso le echan una capa de tierra sobre el cuerpo y otra de olvido sobre el alma. Es lo que te pasa a ti con tu amor. Se te ha muerto, lo has enterrado y a otra cosa. PodrÃas, au besoin, ponerle en el epitafio que lo mató una indigestión. Pero, asà como de la tierra de los sepulcros, gorda de podredumbre, brotan esas plantas robustas que las cubren de verde y de fresco con su sombra, de la sepultura de tu amor —que en paz descanse—, viva, lozana y pura ha brotado tu amistad. SÃ, mi hija, es eso lo que ahora sientes por Pablo. Eres su amiga, no su querida. Si asà no fuera, no palpitarÃan en tus labios palabras generosas, no estarÃas pronta a dar todo para no recibir nada en cambio, a perder tu tiempo en curar lacras ajenas, en soportar cara a cara la vista de un cuadro inmundo de miserias, tú, joven y linda, tú, que no habÃas hecho otra cosa hasta ahora que desflorar los placeres de la vida, como salta de rama en rama y picotea el pájaro las frutas que encuentra en sus volidos caprichosos. No, de fijo, no es el amor el que te inspira. Material y ruin, ese se mantiene de carne, el sensualismo le da vida. Pregunta al poeta si llega su atrevimiento hasta hacer de Romeo un Cuasimodo o un leproso; dile que vista de bruja a su Desdémona y que nos venga a contar después que Otelo la mató de celos… ¿Que dura? ¡Mentira! La sociedad y el disgusto, lo matan como matan el hambre. Es ave de paso por el corazón. Hace lo que las golondrinas. Nos visita, está en nosotros y se queda, mientras el calor de las ilusiones lo detiene; se va en cuanto empiezan a picar los primeros frÃos del desencanto. Es lo que te ha sucedido a ti. ¡Qué amor ni qué niño muerto vas a tenerle tú a Pablo, muchacha, cuando el alma se te ha caÃdo a los pies, cuando no ves en él a un hombre sino a un desgraciado que da lástima! ¡Oh! No te acuso, no te hago un crimen de la cosa, no es cuestión de sentimientos esta, sino de estómago, ¿y es acaso tuya la culpa si tus padres te echaron al mundo muñida de ese aparato esencial? Otra en tu caso y especialmente otra como tú, no habrÃa tenido rien de plus pressé que de lâcher al señor don Pablo sobre tablas, agarrando sin más vueltas la calle del medio. Tú has preferido ponerte bien con tu conciencia y te quedas y lo asistes y lo cuidas y te sacrificas por él. Eso prueba que eres una prójima decente digna del aprecio ajeno, que la fibra más delicada y más noble del corazón humano sabe vibrar en tu pecho, que hay en ti paño de amiga, lo que no se encuentra al volver de cada esquina, hija, en este mundo canalla. Sufre que te dé un beso en la frente.