Música sentimental
Música sentimental Siguió mi consejo y, cayendo y levantando, se aguantó unos meses.
Eran dolores intensos, en desgarro, por la frente, la nariz y las mejillas, puntadas en el globo de los ojos. Se le querían saltar, decía, como si una rueda le apretara la cabeza.
Una vez, al despertarse, se encontró sumido en una oscuridad profunda y pidió a gritos que le abrieran las ventanas: estaba ciego.
Poco a poco, sin embargo, los dolores cedieron, se calmaron; las pupilas, inmóviles y dilatadas, llegaron de nuevo a contraerse y volvió a ver. Fue una tregua; una mejoría pareció entonces anunciarse, la tos sólo, una tos ronca y convulsa lo mortificaba, por momentos, sacudiéndolo todo entero como al contacto de una pila. Luego, bruscamente, chuchos violentos lo atacaron seguidos de un calor seco y de una sed ardiente.
Sin que se produjeran otros síntomas, este estado persistió por algún tiempo. Los días y las noches se sucedieron, en seguida, sin reposo y sin sueño.
El apetito era nulo, el estómago se negaba a soportar los alimentos, los vómitos acometían en medio de calambres espantosos.
Agua, agua siempre era lo que pedía.
Entretanto, la consunción lo iba extenuando más y más.