Música sentimental
Música sentimental —Nada.
—¿Y por qué lloras, entonces?
—Por nada.
—¿Cómo por nada? —insist×. No se llora sin razón. Veamos, ¿te duele la barriga, te hemos pisado un callo sin querer, te has ofendido porque te he servido mucho capón y crees que he querido con esto llamarte comilona y grosera, te ha saltado a los ojos algún grano de pimienta, o es la mostaza de los cangrejos la que se te ha subido a la nariz?
A todo lo que se sacudÃa como diciendo: «no», mientras acosada a preguntas, concluyó por reventar llorando como un ternero:
—¡Son las trufas que me hacen acordar a mamá!
—¡Acabáramos —exclamé—, altro que trufas, es el champagne que se te anda paseando por el cuerpo!
—¡Pobre madre querida, pobre vÃctima! —gimoteaba, entretanto, abismada en su dolor y acompañando la exhalación de sus lamentos con unos «¡Hiiiiii! ¡Hiiii!…» chillones y babosos, que iban poniéndose cargantes más de lo necesario.
—Pero ¿qué diablos tiene que hacer tu madre mártir con el relleno del pollo? —dÃjele, al fin, impacientado.
—¡Y, sin embargo, no las podÃa pasar ni pintadas; fue por dar gusto a papá!
Hasta que, a la larga, creyendo comprender: