Música sentimental
Música sentimental —¡Ya caigo! —exclamé—. Tu padre indujo a tu madre a que comiera trufas, tu madre tuvo un empacho, y un cólico, seco probablemente, la llevó a la sepultura en pocas horas, ¿no es eso?
—Sà —dijo haciendo un puchero y suspirando.
—Pero ¿por qué, qué se proponÃa ese marido infame, ese hombre Lucrecia Borgia?
—¡Oh! ¡No lo hacÃa por maldad, el pobre! Era porque decÃa que mamá se ponÃa muy amable con él cuando habÃa comido trufas.
Un salop seco, largado por Loulou con una mueca de repugnancia, vino, como bofetón en cara hinchada, a inflamar más aún la ya irritada sensibilidad de la otra.
Viendo lo cual y queriendo, por mi parte, evitar un lance desagradable:
—¡Eh! ¡Qué te estás haciendo la pulcra tú también como si no te conociéramos! —dije a aquella—. Cállate la boca y no seas farsante; respeta su dolor, el culto de la familia, ese sentimiento de las almas nobles.
—Sà —rugió Blanca engreÃda con mis palabras y emballée de nuevo en los vapores del vino, pero agarrando esta vez por otro lado—. ¡Quiero que me respeten, que respeten a mi familia, porque tengo una familia yo, una familia honorable, porque no soy de esas que no se sabe de dónde caen, ni qué madre las parió!