Música sentimental
Música sentimental Ahora podía mostrarse al revés; no le quedaba nada adentro.
¿Debía, acaso, haberse preocupado de la cosa, haber tomado a lo serio todas las balivernes con que esa grosse dinde nos había estado rompiendo el tímpano?
Allons donc! Aquello era idiota, no tenía sentido común, y, en prueba de ello, estaba dispuesta a en finir.
Blanca, por su parte, ne demandait pas mieux. Sólo que la había herido profundamente eso de que quisieran insultar a su familia, que era una familia de las más decentes.
Y en las tinieblas pulposas de su encéfalo atascado por el vino, volvía a la carga con su madre, víctima del atracón de trufas, agregando que razón tenía para desesperarse y llorar, que, a no ser por esa desgracia horrible, no sería ella lo que era, ni estaría donde estaba.
—Claro —apoyé—, te quedaste sin la brújula de tu madre y agarraste mal rumbo y te perdiste.