Música sentimental
Música sentimental —¡Que no comprendes, imbécil, que se está riendo de ti! —le gritó la otra exasperada de verla tan zanguanga.
—¡Alto ahÃ! Yo no me rÃo de ella ni de nadie; lo que cuento es rigorosamente histórico.
—Zut!
—¿Y por qué no? Ma chère; ¡quién sabe, los hombres son capaces de todo! —soltó sentenciosamente Blanca—. Pero lo que no me explico bien —agregó después de meditarlo un momento—, es esto: ¿qué podrá venir a resultar, serán monas o mujeres?
—Las dos cosas y ninguna de las dos. Rubias o morenas, según se parezcan al padre o la madre, ñatas, de ojos vivarachos y redondos, boca risueña y dientes blancos, es probable que el cuerpo deje algo que desear porque Peterson en su plan de reformas ha suprimido el corsé. Aparecerán, por lo mismo, menos pechonas y menos barrigonas que ustedes, los brazos serán finos y delgados, las manos aristocráticas y, si las piernas flacas y los pies chatos y largos, llegarán a descubrir un flanco a la crÃtica, en cambio sus propietarias tendrán la inmensa ventaja de no saber hablar y de querer mucho a sus hijos.
—¿Y los machos?