Música sentimental
Música sentimental ¡Bah! ¡No me da tan fuerte la melodía!
Consideraciones de otro orden: un incidente personal, una agarrada entre el diablo y yo; él me empuja y yo me empaco: simple cuestión de orgullo y de amor propio.
Lo que no impide, por supuesto, que, de paso, eche un «luis» sobre el 17 en plein.
Y digo de paso, porque una mesa de ruleta es como un baile por suscripción: mucha república.
Or, declaro que la república reúne todas mis simpatías como la forma más bonita de gobierno, pero no tardo en agregar que, en achaques sociales, soy más realista que el rey: libertad, hasta por ahí; igualdad, ninguna, y fraternidad con mis hermanos.
Prefiero el treinta y cuarenta.
En él, por lo menos, se ve uno libre del menudeo de los jugadores, esa morralla infame que se abre paso a codo hasta la primera fila, cargando y pisoteando a medio mundo, con una indecente pieza de cent sous enarbolada en la mano. Boutiquiers en train de darse un corte, criados disfrazados de patrones, catins de la peor especie, viejas intercesoras y rateros.
Entréme, pues, a lo gordo, donde los rollos de oro y de billetes empiezan por rodar de una mano a otra, para ir a caer al fin en el pozo sin fondo de la banca.