Música sentimental
Música sentimental Miraba apostar fuerte a un judÃo: un papel de mil francos en cada passe, escoltado por un «luis» —ahà estaba el truc, la cábula del hombre, ésa era su mascotte— cuando sentà que una mano se apoyaba sobre mÃ.
Di vuelta y me encontré con Loulou:
—¡Tú aquÃ, buena pieza! ¿Qué haces?
—Espero y me desespero.
—¿Esperas qué y te desesperas por qué?
—Espero que Pablo se levante de esa mesa maldita y me desespero porque pierde ya una fortuna.
—¿Pablo, dónde está?
—AllÃ, al lado de aquel hombre viejo.
Miré y vi, en efecto, a Pablo profundamente absorbido por el juego, el rostro demudado, la vista fija sobre el naipe del tallador.
Se acariciaba la barba con una mano, mientras en un movimiento involuntario y febril, estrujaba con la otra un puñado de billetes que tenÃa por delante.
Acababa de poner mil francos al color; los perdió.