Música sentimental
Música sentimental —¡Pues, Señor, esto sà que no habÃa entrado en mis libros! Que te hubieras apeado con algún disparate de marca mayor como, por ejemplo, querer pegarte un tiro o meterte en un convento, pase; en eso suele, a veces, parar la calentura. Pero tú, convertida en mensual de Pancho Piñeiro, dando vuelta la majada en un cuero de carnero sobre un maceta viejo, o haciendo un puchero de aujas con leña de bosta, en cuclillas, delante del fogón de la cocina, ¡hombre, hombre, no faltaba más! Non, vois-tu, c'est par trop drôle! PermÃteme que, a pesar de la gravedad del presente asunto, me ponga a reÃr un momentito… ¿Quieres que te dé un consejo, Loulou amiga, pero, là , un consejo sano y sincero? Toma el expreso de esta noche misma y vuélvete a ParÃs. Ese es tu teatro, no lo dejes, no cortes tu carrera en la flor de tu edad, no la sacrifiques en aras de una pasión desgraciada. Un porvenir brillante te espera, nuevos triunfos, nuevos laureles que agregar a tu corona de artista. Tu noble misión no ha concluido; quedan todavÃa muchas zorras por desollar, muchos Peterson, muchos pavos que pelar… Créeme, vuelve a ParÃs, al campo de tus hazañas, allà te llama el deber, allà te lleva el destino…
—¡Volverme a ParÃs, es imposible!
—¿Por qué?
—Porque no puedo vivir sin Pablo.