Música sentimental
Música sentimental —Pero, hija, piensa un instante, reflexiona en tu situación, hazte cargo de que, cuanto más tiempo pase, más grande va a ser la embarrada. Pablo no se ha de casar contigo, ¿no es verdad? La cosa es clara. El comercio que con él mantienes no puede tampoco durar eternamente; tiene que acabar como acaba todo en la vida, ¿y entonces? Tu amor, me dirás, tu amor… Muy enhorabuena, tu amor es una cosa muy bonita, un sentimiento que te honra, pero que no te conviene. Lo mejor es que te lo arranques de raÃz, que concluyas con él de un golpe, como quien dice, que lo hagas reventar de un ataque de apoplejÃa fulminante, ya que estás poco dispuesta, según parece, a dejarlo morir de consunción. Los males como el tuyo, mi querida Loulou, no se curan con cataplasmas ni paños calientes. Hay que echar mano de otros medios. Acude, pues, al serrucho de tu energÃa y ampútate ese miembro enfermo, si no quieres que te invada y te pudra la gangrena. Créeme, te lo repito, vete, mándate mudar. Cuanto más pronto, ha de ser mejor.
Se quedó un rato callada; luego:
—Tiene razón —dijo—, y, sin embargo…
—Y, sin embargo, ¿qué?
—Y, sin embargo, me quedo.
—Harás una chambonada. Acuérdate de lo que te digo: mañana o pasado te ha de pesar.