Música sentimental
Música sentimental —¡Ah! SÃ, mañana, ¿no es verdad? ¡Como si tuviéramos mañana nosotras las mujeres de mi especie, como si nos fuera permitido tenerlo! Nuestro mañana, à nous, son los trapos que nos ponemos, los brillantes, la yunta de Orloff que pensamos estrenar, la orgÃa que nos espera, la noche de locura que vamos a pasar. He ahà nuestro único horizonte, lo único que vemos. Lo que hay, después, no lo sabemos, como no sabe el borracho que el aguardiente lo está quemando las entrañas. ¡El porvenir! ¿Y qué le importa el porvenir a quien no tiene ni presente? Eso está bueno para las otras, las que algo pueden perder, una posición, un nombre, una familia: para las otras, las virtuosas, las honradas, las criaturas de Dios, las que ustedes ensalzan y el mundo adula. Pero, hablarme a mà del porvenir, a mÃ, «la impúdica, la horizontal, la mundana, a mÃ, Loulou, en fin», allons donc! ¿Sabe cuál es mi porvenir, lo que en este momento me ocupa y me preocupa a mÃ? Dormir con Pablo esta noche. Mañana… ¡mañana, quizás, me haya llevado el diablo!
AquÃ, mi amiga, haciéndose la aturdida y la loca, de pronto, me arrebató el cigarro de las manos:
—Hasta luego —exclamó, metiéndoselo entre los dientes—, me voy a buscar a mi hombre… ¡ya me parece que hace un siglo que no lo veo!…