Música sentimental
Música sentimental —No embrome, hombre, ¡qué extraño ha de ser!… El servicio de correos está muy bien montado en Europa, no se pierde nada. Si usted me hubiese escrito, habrÃa yo recibido su carta. Sea franco, lo que hay es que, de puro entrometido, me permità una vez exponerle mis vistas y darle un consejo; que Vd. tuvo a bien hacer precisamente lo contrario de lo que yo le decÃa y que la perspectiva de pasar una hora en mi amable sociedad, lejos de constituir su delicia, le producÃa el efecto de una trompada en la boca del estómago. TemÃa, sin duda, que, a tÃtulo de mentor, lo llamara a cuentas, que le echara un sermón, que le pegara un solo y por eso me anduvo escurriendo el bulto. A propósito —seguÃ, sin darle tiempo a protestar—, acabo de estar con su señora. Y, ¿son ustedes felices?
—¿Con mi señora?
—SÃ, pues, con su señora Loulou, lo que, para el caso, es lo mismo. ¿No vive usted con ella conyugalmente?
—¡Déjeme, estoy más aburrido, más fastidiado! Tengo hasta quién sabe dónde de la tal doña Loulou y sus gustos…
—¿Tan pronto?