Sin rumbo
Sin rumbo —Siempre estarás en tiempo de hacerlo, nada pierdes con esperar.
Los otros, a su vez, intervinieron, trataron de calmar, de disuadir a Andrés.
Él se obstinaba, rabioso, con una expresión arisca en la mirada, presa de una sorda crispación nerviosa.
Al fin, de mala gana, obsedido, acabó por consentir. Pero era valor entendido que, no sólo no daba explicaciones, sino que por el contrario las exigÃa por haber tenido el otro la audacia y la insolencia, decÃa, de ir a golpearle el palco.