Sin rumbo
Sin rumbo —¿Qué tendrá? —interrogó Andrés alarmado, siguiendo con afán las manipulaciones de la curandera—. Estará enferma, ¿le parece?
—¡Qué enferma va estar! Es flato. Vea, patrón, me ha de haser trair unas hojitas de hinojo, de ahà de la quinta no más; un poco de leche y un calentador.
Asà que tuvo todo a mano y que hubo preparado la bebida, tomó un frasco vacÃo de agua florida y la echó en él.
Avidamente la niñita, entonces, adhirió sus labios al rollo de trapo que, en la forma de un pezón de mujer, cerraba la boca del frasco y, pocos momentos después, calmado su apetito, con la inconsciencia de las flores cuando hartas de luz cierran su cáliz al declinar el sol, un sueño profundo la embargaba: