Sin rumbo
Sin rumbo ¡Extraña, curiosa aberración! Y temblaba, sin embargo, en presencia del más remoto asomo de peligro para la vida de su hija, y se estremecía por ella, horrorizado a la idea sola de la muerte, ese enemigo implacable y traidor que no se ve, emboscado entre las sombras del futuro, pero cuya presencia se siente y se adivina, como se siente el abismo al atravesar el mar, como se adivina el precipicio al cruzar de noche el camino de la montaña.