Sin rumbo
Sin rumbo —La Patti, la Patti… pide cincuenta mil francos por noche, la Patti… ¡ésta es la cosa!
—¿Y la Albani?
—Andata!
—¿Y la Van Zandt?
—¡Un mosquito!…
—¿No nos la trae, entonces?
—No, pero les traigo a una Amorini, ésta es la cosa.
—¿Amorini, dice? No sé quién es.
—Artista joven, magari, pero una celebridad, órgano estupendo, talento inmenso. Acaba de hacer un fanatismo, pero un fanatismo loco en la Scala… ésta es la cosa.
—Déjese de fanatismos y vamos al grano: ¿es bonita?
—¡Roba fina, un bombón!… ¡Pero, honesta, sabe!… ¡Oh! Por esto, yo le garanto, una señora… Viene con el marido, el conde Gorrini, de Florencia.
—¡Ah! ¡Ah!… ¿Y la contralto?
—¿La Machi? ¡Espléndida, un vozón!
—¿Y?…
—No hay tampoco que pensar. Es hija de familia ella, la mamá la acompaña.
—Bueno, bueno, bueno… como quien dice ¿dos Lucrezias? Pero… me presentará, ¿supongo?