Sin rumbo

Sin rumbo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No era usted, señora, una extraña para mí —empezó Andrés—. He tenido antes ocasión de admirar todo su hermoso talento.

—¡Ah! Sí, ¿dónde? —preguntó con interés, volviendo a medias la silla.

—Donde se hizo usted oír antes de cantar en la Scala.

—¿En Cremona, hace dos años?

—Justamente, hace dos años, en Cremona.

—Caro quel Cremona!… Fue un continuo triunfo para mí. El público me adoraba…

—Pero entonces, señor —prosiguió—, ¿somos dos viejos conocidos nosotros?… ¿Podría atreverme a esperar que, de hoy en más, quiera usted ser un amigo para mí?

—Señora…

—Vivo en el Hotel de la Paz. Mi marido y yo tendremos muchísimo placer en que usted se digne honrarnos con sus visitas —agregó, designando a un hombre que en ese momento se acercaba.

Era joven, blanco, fresco, bonito, de bigotito negro retorcido; fumaba cavours, usaba cuellos escotados y cuernos de coral en la cadena.

—¡Maestro, maestro! —llegó azorado el buttafuori—; es imposible contener a la gente, quieren por fuerza entrar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker