Cronicas
Cronicas El ministro de Información pronunció anteayer un discurso que aprobamos en su integridad. Pero hay un punto sobre el que es preciso volver porque no es muy corriente que un ministro hable a su país con el lenguaje de una moral viril y le recuerde los deberes necesarios.
El señor Teitgen desmontó ese mecanismo de concesiones que a tantos franceses ha conducido de la debilidad a la traición. Cada concesión hecha al enemigo y a la molicie entrañaba otra. Ésta no era más grave que la primera, pero las dos, sumadas, constituían una cobardía. Y dos cobardías juntas formaban el deshonor.
Ése es, en efecto, el drama de este país. Y si es difícil de solucionar, es porque afecta a toda la conciencia humana. Pues plantea un problema que es tan tajante como un sí o un no.
En Francia se vivía con una sabiduría caduca que explicaba a las jóvenes generaciones que la vida exigía saber hacer concesiones, que el entusiasmo duraba sólo un poco y que, en un mundo donde los listos forzosamente se salían con la suya, había que tratar de no equivocarse.