El extranjero
El extranjero En seguida se escuchó, pero apenas, a Masson, quien declaró que yo era un hombre honrado, «y que diría más, era un hombre bueno.» Apenas se escuchó también a Salamano cuando recordó que había tratado bien a su perro y cuando respondió a una pregunta sobre mi madre y sobre mí diciendo que yo no tenía nada más que decir a mamá y que por eso la había metido en el asilo. «Hay que comprender, decía Salamano, hay que comprender.» Pero nadie parecía comprender. Se lo llevaron.