El extranjero
El extranjero Encontré al viejo Salamano en el umbral de mi puerta. Le hice entrar y me enteró de que el perro estaba perdido, puesto que no se hallaba en la perrera. Los empleados le habían dicho que quizá lo hubieran aplastado. Había preguntado si no era posible que en las comisarías lo supiesen. Se le había respondido que no se llevaba cuenta de tales cosas porque ocurrían todos los días. Le dije al viejo Salamano que podría tener otro perro, pero me hizo notar con razón que estaba acostumbrado a éste.