El extranjero
El extranjero La víspera habíamos ido a la comisaría y yo había atestiguado que la muchacha había «engañado» a Raimundo. No le costó a éste más que una advertencia. No comprobaron mi afirmación. Delante de la puerta hablamos con Raimundo; luego resolvimos tomar el autobús. La playa no estaba muy lejos, pero así iríamos más rápidamente. Raimundo creía que su amigo se alegraría al vernos llegar temprano, íbamos a partir, cuando Raimundo, de golpe, me hizo una señal para que mirara enfrente. Vi un grupo de árabes pegados contra el escaparate de la tabaquería. Nos miraban en silencio, pero a su modo, ni más ni menos que si fuéramos piedras o árboles secos. Raimundo me dijo que el segundo a partir de la izquierda era el individuo y pareció preocupado. Sin embargo, agregó que la historia ya estaba concluida. María no comprendía muy bien y nos preguntó de qué se trataba. Le dije que eran unos árabes que odiaban a Raimundo. Quiso entonces que partiéramos en seguida. Raimundo se irguió, rió y dijo que era necesario apresurarse.