El hombre rebelde
El hombre rebelde La historia universal hasta Jesucristo no es para Stirner más que un largo esfuerzo para idealizar lo real. Este esfuerzo se encarna en los pensamientos y los ritos de purificación propios de los antiguos. A partir de Jesucristo, el objetivo está logrado; empieza otro esfuerzo que consiste, por lo contrario, en realizar lo ideal. El furor de la encarnación sucede a la purificación y, cada vez más, devasta el mundo a medida que el socialismo, heredero de Cristo, ensancha su imperio. Pero la historia universal no es más que una larga ofensa al principio único que yo soy, principio vivo, concreto, principio de victoria al que se ha querido doblegar bajo el yugo de abstracciones sucesivas, Dios, el Estado, la sociedad, la humanidad. Para Stirner, la filantropÃa es una mistificación. Las filosofÃas ateas que culminan en el culto al Estado y al hombre no son ellas mismas sino «insurrecciones teológicas». «Nuestros ateos —dice Stirner— son en realidad gente devota». Sólo ha habido un culto a lo largo de toda la historia, el de la eternidad. Este culto es mentira. Sólo es verdadero el Único, enemigo de lo eterno, y de cualquier cosa, en verdad, que no sirva a su deseo de dominio.