El hombre rebelde
El hombre rebelde Pero la lógica no puede salir ganando en una actitud que le hace ver sucesivamente que el crimen es posible e imposible. Pues, después de haber hecho al menos indiferente el acto de matar, el análisis del absurdo, en la más importante de sus consecuencias, acaba condenándolo. La conclusión final del razonamiento del absurdo es, en efecto, el rechazo del suicidio y el mantenimiento de esa confrontación desesperada entre la interrogación humana y el silencio del mundo[1]. El suicidio significarÃa el final de esa confrontación, y el razonamiento del absurdo considera que no podrÃa suscribirlo salvo negando sus propias premisas. Semejante conclusión serÃa, según él, huida o liberación. Pero está claro que, simultáneamente, ese razonamiento admite la vida como el único bien necesario, ya que la vida permite precisamente esa confrontación y, sin ella, la apuesta por el absurdo carecerÃa de soporte. Para decir que la vida es absurda, la conciencia necesita estar viva. ¿Cómo, sin una concesión importante al gusto por la comodidad, conservar para sà el beneficio exclusivo de tal razonamiento? Desde el momento en que este bien se reconoce como tal, es el de todos los hombres. No se puede dar una coherencia al crimen si se la niega al suicidio. Una mente imbuida de la idea del absurdo admite, sin duda, el crimen de fatalidad; pero no podrÃa aceptar el crimen de razonamiento. Respecto a la confrontación, crimen y suicidio son una misma cosa, que hay que tomar o dejar conjuntamente.