El hombre rebelde
El hombre rebelde Un ardor tan grande es convencional en esa época. No cuesta nada. La verdadera originalidad de Lautréamont está en otra parte[13]. Los románticos mantenÃan con precaución la oposición fatal entre la soledad humana y la indiferencia divina, siendo las expresiones literarias de dicha soledad el castillo aislado y el dandi. Pero la obra de Lautréamont habla de un drama más profundo. Parece claro que esta soledad le resultó insoportable y que, levantado contra la creación, quiso destruir sus lÃmites. Lejos de tratar de fortificar con torres almenadas el reino humano, quiso confundir todos los reinos. Volvió la creación a los mares primitivos en que la moral perdÃa su sentido a la vez que todos los problemas, entre los cuales, espantoso para él, el de la inmortalidad del alma. No quiso erigir una imagen espectacular del hombre en rebeldÃa o del dandi frente a la creación, sino confundir al hombre y al mundo en la misma aniquilación. Se enfrentó con la misma frontera que separa al hombre del universo. La libertad total, la del crimen en particular, supone la destrucción de las fronteras humanas. No basta con condenar a la execración a todos los hombres y a sà mismo. Hay que volver, además, el reino humano al nivel de los reinos del instinto. Se encuentra en Lautréamont este rechazo de la conciencia racional, esta vuelta a lo elemental que es una de las marcas de las civilizaciones en rebeldÃa contra sà mismas. No se trata ya de parecer, por un esfuerzo obstinado de la conciencia, sino de no ser ya en tanto que conciencia.