El hombre rebelde
El hombre rebelde Rebeldía absoluta, insumisión total, sabotaje en regla, humor y culto del absurdo, el surrealismo, en su intención primera, se define como el proceso de todo, que siempre hay que reanudar. El rechazo de todas las determinaciones es claro, tajante, provocativo. «Somos especialistas en rebeldía». Máquina de trastocar la mente, según Aragon, el surrealismo se forjó primero en el movimiento «dadá» cuyos orígenes románticos y su dandismo anémico hay que recalcar[16]. La no significación y la contradicción son entonces cultivadas por sí mismas. «Los verdaderos dadaístas están en contra de Dadá. Todo el mundo es director de Dadá». O además: «¿Qué es lo que está bien? ¿Qué es lo que es feo? ¿Qué es lo que es grande, fuerte, débil…? ¡Ni idea! ¡Ni idea!». Aquellos nihilistas de salón estaban evidentemente expuestos a proporcionar servidores a las ortodoxias más estrictas. Pero hay en el surrealismo algo más que ese inconformismo de oropel, la herencia de Rimbaud precisamente, que Breton resume así: «¿Debemos dejar aquí toda esperanza?».