El hombre rebelde
El hombre rebelde El surrealismo no se limitó a esto. Eligió por héroe a Violette Nozière o al criminal anónimo de derecho común, afirmando asÃ, ante el crimen mismo, la inocencia de la criatura. Pero se atrevió a decir también, y ésta es la frase que, desde 1933, debe lamentar André Breton, que el acto surrealista más simple consistÃa en salir a la calle, empuñando un revólver, y disparar al azar contra la multitud. A quien rechaza cualquier otra determinación que la del individuo y de su deseo, toda primacÃa, menos la del inconsciente, corresponde, en efecto, rebelarse al mismo tiempo contra la sociedad y la razón. La teorÃa del acto gratuito corona la reivindicación de la libertad absoluta. ¿Qué más da si, para terminar, esta libertad se resume en la soledad que define Jarry: «Cuando me haya hecho con todas las finanzas, mataré a todo el mundo y me iré»? Lo esencial es que sean negadas todas las cortapisas y triunfe lo irracional. ¿Qué significa, en efecto, esta apologÃa del crimen, sino que, en un mundo sin significación y sin honor, sólo es legÃtimo el deseo de ser, bajo todas sus formas? El impulso de la vida, el empuje de lo inconsciente, el grito de lo irracional son las únicas verdades puras que hay que favorecer. Todo lo que se opone al deseo, y principalmente la sociedad, debe, pues, ser destruido sin piedad. Se comprende, entonces, la observación de André Breton a propósito de Sade: «Ciertamente, el hombre ya no consiente aquà en unirse a la naturaleza más que en el crimen; faltarÃa saber si no es todavÃa una de las maneras más locas, más indiscutibles, de amar». Se ve muy bien que se trata del amor sin objeto, que es el de las almas desgarradas. Pero este amor vacÃo y ávido, esta locura de posesión es precisamente la que la sociedad obstaculiza inevitablemente. Por eso Breton, que lleva aún sobre sà el peso de tales declaraciones, ha podido elogiar la traición y afirmar (cosa que los surrealistas han tratado de demostrar) que la violencia es la única forma adecuada de expresión.