El hombre rebelde
El hombre rebelde La mayor parte de revoluciones toman su forma y su originalidad en un crimen. Todas, o casi todas, han sido homicidas. Pero algunas, por añadidura, han practicado el regicidio y el deicidio. Como la historia de la rebeldía metafísica empezaba con Sade, nuestro tema real empieza únicamente con los regicidas, sus contemporáneos, que atacan a la encarnación divina sin atreverse aún a matar el principio eterno. Pero, antes, la historia de los hombres nos muestra también el equivalente del primer movimiento de rebeldía, el del esclavo.
Allí donde el esclavo se rebela contra el amo, hay un hombre levantado contra otro, en la tierra cruel, lejos del cielo de los principios. El resultado es tan sólo el asesinato de un hombre. Los motines serviles, los levantamientos campesinos, las guerras de los pordioseros, las revueltas de los villanos, destacan un principio de equivalencia, vida contra vida, que, a pesar de todas las audacias y todas las mistificaciones, se encontrará siempre en las formas más puras del espíritu revolucionario, el terrorrismo ruso de 1905, por ejemplo.