El hombre rebelde
El hombre rebelde La rebelión de Espartaco al final del mundo antiguo, unas decenas de años antes de la era cristiana, es a este respecto ejemplar. Se notará primero que se trata de una rebelión de gladiadores, o sea de esclavos destinados a los combates de hombre a hombre y condenados, para deleite de los amos, a matar o ser muertos. Empezada con setenta hombres, esta revuelta se termina con un ejército de setenta mil insurgentes que aplastan a las mejores legiones romanas y recorren Italia para marchar sobre la propia ciudad eterna. No obstante, esta rebelión no aportó, como observa André Prudhommeaux[2], ningún principio nuevo en la sociedad romana. La proclama lanzada por Espartaco se limita a prometer a los esclavos «derechos iguales». Este paso del hecho al derecho que hemos analizado en el primer movimiento de rebeldía es, en efecto, la única adquisición lógica que se puede hallar en este nivel de la rebeldía. El insumiso rechaza la esclavitud y se afirma como el igual al amo. Quiere ser amo a su vez.