El hombre rebelde
El hombre rebelde La cruz fue también el suplicio de Cristo. Se puede imaginar que este último eligió unos años más tarde el castigo del esclavo para reducir la terrible distancia que en lo sucesivo separa a la criatura humillada de la faz implacable del Amo. Jesús intercede, sufre, a su vez, la más extrema injusticia para que la rebeldÃa no divida el mundo en dos partes, para que el dolor gane también el cielo y lo arranque de la maldición de los hombres. ¿A quién extrañará que el espÃritu revolucionario, queriendo afirmar después la separación del cielo y la tierra, haya empezado por desencarnar a la divinidad matando a sus representantes en la tierra? En 1793, en cierto modo, acaban los tiempos de la rebeldÃa y empiezan los tiempos revolucionarios, en un patÃbulo[4].