El hombre rebelde
El hombre rebelde El discurso de Saint-Just sólo apunta a cerrar, una a una, todas las salidas al rey, salvo la que lleva al cadalso. Si las premisas de El Contrato social son aceptadas, este ejemplo es inevitable. Después de él, por fin, «los reyes huirán al desierto y la naturaleza recuperará sus derechos». En vano la Convención votó una reserva procesal y dijo que no prejuzgaba si juzgaba a Luis XVI o si pronunciaba una medida de seguridad. Se sustraía entonces a sus propios principios y trataba de camuflar, por una hipocresía chocante, su verdadera empresa, que consistía en fundar el nuevo absolutismo. Jacques Roux, por lo menos, estaba en la verdad del momento llamando al rey Luis el último, señalando así que la verdadera revolución, ya realizada a nivel de la economía, se verificaba entonces a nivel filosófico y que era un crepúsculo de los dioses. La teocracia fue atacada en 1789 en su principio, y muerta en 1793 en su encarnación. Tiene razón Brissot cuando dice: «El monumento más sólido de nuestra revolución es la filosofía[14]».