El hombre rebelde
El hombre rebelde El 21 de enero, con la ejecución del rey-sacerdote, acaba lo que se ha llamado significativamente la pasión de Luis XVI. Ciertamente, es un repugnante escándalo haber presentado como un gran momento de nuestra historia el asesinato público de un hombre débil y bueno. Aquel patíbulo no marca una cumbre, ni mucho menos. Sin embargo, por sus considerandos y sus consecuencias, el juicio del rey se halla en la bisagra de nuestra historia contemporánea. Simboliza la desacralización de esta historia y la desencarnación del dios cristiano. Dios, hasta entonces, se mezclaba con la historia a través de los reyes. Pero se mata a su representante histórico, no hay más rey. No hay, pues, sino una apariencia de Dios relegado al cielo de los principios[15].