El hombre rebelde
El hombre rebelde Ninguna realidad humana sería, pues, engendrada si, por una disposición que puede parecer afortunada para el sistema de Hegel, no se hubiesen encontrado desde el origen dos tipos de conciencias, una de las cuales no tiene el valor de renunciar a la vida, y acepta, pues, reconocer a la otra conciencia sin ser reconocida por ella. Consiente, en definitiva, en ser considerada como una cosa. Esta conciencia que, para conservar la vida animal, renuncia a la vida independiente, es la del esclavo. La que, reconocida, obtiene la independencia, es la del amo. Se distinguen una de otra en el momento en que se enfrentan y en que una se inclina ante la otra. El dilema, en esta fase, ya no es ser libre o morir, sino matar o esclavizar. Este dilema se mantendrá en la continuación de la historia, aunque lo absurdo, en ese momento, no se haya reducido aún.