El hombre rebelde
El hombre rebelde A buen seguro, la libertad del amo es total respecto del esclavo, en primer lugar, puesto que éste lo reconoce totalmente, y respecto del mundo natural después, ya que, con su trabajo, el esclavo lo transforma en objeto de gozo que consumirá el amo en una perpetua afirmación de sí mismo. Sin embargo, esta autonomía no es absoluta. El amo, para desdicha suya, es reconocido en su autonomía por una conciencia que él no reconoce como autónoma. No puede, pues, estar satisfecho y su autonomía es sólo negativa. El dominio es un callejón sin salida. Puesto que tampoco puede renunciar a la posesión y volver a ser esclavo, el destino eterno de los amos consiste en vivir insatisfechos o ser asesinados. El amo no sirve para nada en la historia como no sea para suscitar la conciencia servil, precisamente la única que crea la historia. El esclavo, en efecto, no está atado a su condición, quiere cambiarla. Puede educarse, pues, a diferencia del amo; lo que se llama historia no es sino la sucesión de sus largos esfuerzos para alcanzar la libertad real. Ya por el trabajo, por la transformación del mundo natural en mundo técnico, se libera de esta naturaleza que estaba al principio de su esclavitud, puesto que no había sabido elevarse por encima de ella con la aceptación de la muerte[23]. No hay siquiera la angustia de la muerte experimentada en una humillación de todo el ser que no eleve al esclavo al nivel de la totalidad humana. Sabe, desde ahora, que esta totalidad existe; no le queda más que conquistarla a través de una larga sucesión de luchas contra la naturaleza y contra los amos. La historia se identifica, pues, con la historia del trabajo y de la rebeldía. A nadie extrañará, pues, que el marxismo-leninismo haya sacado de esta dialéctica el ideal contemporáneo del soldado obrero.