El hombre rebelde
El hombre rebelde Dejaremos de lado las descripciones de las actitudes de la conciencia servil (estoicismo, escepticismo, conciencia infeliz) que se hallan después en la FenomenologÃa. Pero no se puede ignorar, en cuanto a sus consecuencias, otro aspecto de esta dialéctica, la asimilación de la relación amo-esclavo con la relación del antiguo dios y el hombre. Un comentarista de Hegel observa que si el amo existiera realmente, serÃa Dios[24]. El propio Hegel llama el Amo del mundo al dios real. En su descripción de la conciencia infeliz, muestra cómo el esclavo cristiano, queriendo negar lo que lo oprime, se refugia en el más allá del mundo y se impone por consiguiente un nuevo amo en la persona de Dios. En otro lugar, Hegel identifica al amo supremo con la muerte absoluta. La lucha se halla, pues, entablada de nuevo en un grado superior, entre el hombre esclavizado y el dios cruel de Abraham. La solución de este nuevo desgarro entre el dios universal y la persona será proporcionada por Jesucristo, que reconcilia en sà lo universal y lo singular. Pero, en cierto sentido, Jesucristo forma parte del mundo sensible. Ha podido vérselo, ha vivido y ha muerto. No es, pues, más que una etapa en el camino de lo universal; también él debe ser negado dialécticamente. Simplemente, hay que reconocerlo como hombre dios para obtener una sÃntesis superior. Saltando los escalones intermedios, bastará con decir que esta sÃntesis, tras haberse encarnado en la Iglesia y la Razón, termina en el Estado absoluto, erigido por los soldados obreros, en que el espÃritu del mundo se reflejará por fin en sà mismo con el reconocimiento mutuo de cada cual por todos y con la reconciliación de cuanto ha existido bajo el sol. En ese momento, «en que coinciden los ojos del espÃritu y los del cuerpo», cada conciencia no será ya entonces más que un espejo que reflejará otros espejos, reflejado él mismo hasta el infinito en imágenes reflejadas. La ciudad humana coincidirá con la de Dios; la historia universal, tribunal del mundo, dictará su sentencia en que el bien y el mal serán justificados. El Estado será Destino y la aprobación de toda realidad proclamada bajo la claridad «el dÃa espiritual de la Presencia».