El hombre rebelde
El hombre rebelde Esto resume las ideas esenciales que, a pesar, o a causa, de la extrema abstracción del planteamiento, han levantado literalmente el espíritu revolucionario en direcciones aparentemente diferentes y que nos corresponde encontrar ahora en la ideología de nuestro tiempo. El inmoralismo, el materialismo científico y el ateísmo sustituyendo definitivamente el antiteísmo de los antiguos rebeldes, se han aglutinado, bajo la influencia paradójica de Hegel, con un movimiento revolucionario que, hasta él, nunca se había separado realmente de sus orígenes morales, evangélicos e idealistas. Tales tendencias, si a veces distan mucho de pertenecer propiamente a Hegel, han hallado su fuente en la ambigüedad de su pensamiento y en su crítica de la trascendencia. Hegel destruye definitivamente toda trascendencia vertical, y sobre todo la de los principios; he aquí su originalidad indiscutible. Restaura, sin duda, en el devenir del mundo, la inmanencia del espíritu. Pero esta inmanencia no es fija, no tiene nada en común con el panteísmo antiguo. El espíritu está, y no está, en el mundo: se hace en él y en él estará. El valor queda, pues, remitido al final de la historia. Hasta aquí, no hay criterio capaz de fundamentar un juicio de valor. Hay que obrar y vivir en función del futuro. Toda moral se vuelve provisional. Los siglos XIX y XX, en su tendencia más profunda, son siglos que han tratado de vivir sin trascendencia.