El hombre rebelde

El hombre rebelde

Un comentarista[25], hegeliano de izquierda, es verdad, pero ortodoxo en este punto preciso, advierte, por lo demás, la hostilidad de Hegel por los moralistas y observa que su único axioma es vivir conforme a los usos y costumbres de su nación. Máxima de conformismo social del que Hegel, en efecto, ha dado las muestras más cínicas. Kojève añade, no obstante, que este conformismo no es legítimo más que en tanto que las costumbres de dicha nación corresponden al espíritu del tiempo, o sea en tanto que son sólidas y resisten a las críticas y a los ataques revolucionarios. Pero ¿quién decidirá esta solidez, quién juzgará la legitimidad? Desde hace cien años, el régimen capitalista de Occidente ha resistido contra duros asaltos. ¿Se debe, por ello, tener por legítimo? Inversamente, los que eran fieles a la república de Weimar, ¿debían apartarse de ella y prometer fidelidad a Hitler, en 1933, porque la primera se había desplomado bajo los golpes del segundo? ¿La república española debía ser traicionada en el instante mismo en que triunfó el régimen del general Franco? Son conclusiones que el pensamiento reaccionario tradicional habría justificado en sus propias perspectivas. La novedad, incalculable en sus consecuencias, es que el pensamiento revolucionario las haya asimilado. La supresión de todo valor moral y de los principios, su sustitución por el hecho, rey provisional, pero rey real, no ha podido conducir, se ha visto perfectamente, más que al cinismo político, ya sea obra del individuo, o, más gravemente, del Estado. Los movimientos políticos, o ideológicos, inspirados por Hegel, se reúnen todos en el abandono ostensible de la virtud.


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