El hombre rebelde
El hombre rebelde Bielinski comprendió que lo que deseaba no era lo absoluto de la razón, sino la plenitud del ser. Se negaba a identificarlos. Quería la inmortalidad del hombre entero, erguido en su persona viva, no la abstracta inmortalidad de la especie convertida en Espíritu. Litigaba, con la misma pasión, contra nuevos adversarios, y, de aquel gran debate interior, sacó conclusiones que debía a Hegel, pero que volvió contra él.