El hombre rebelde
El hombre rebelde Dichas conclusiones serían las del individualismo en rebeldía. El individuo no puede aceptar la historia tal como marcha. Ha de destruir la realidad para afirmar lo que él es, no colaborar con ella: «La negación es mi dios, como antes la realidad. Mis héroes son los destructores de lo viejo: Lutero, Voltaire, los enciclopedistas, los terroristas, Byron en Caín». Encontramos así de nuevo y de una sola vez todos los temas de la rebeldía metafísica. Ciertamente, la tradición francesa del socialismo individualista seguía viva en Rusia. Saint-Simon y Fourier, a los que se leía en los años treinta, Proudhon, importado en los años cuarenta, inspiraron el gran pensamiento de Herzen y, mucho más tarde aún, el de Pierre Lavrov. Pero este pensamiento que seguía unido a los valores éticos acabó sucumbiendo, al menos provisionalmente, en su gran debate con los pensamientos cínicos. Bielinski encontró, por el contrario, con y contra Hegel, las mismas tendencias del individualismo social, pero bajo el prisma de la negación, en el rechazo de los valores trascendentes. Cuando murió, en 1848, su pensamiento estaba por lo demás muy próximo al de Herzen. Pero en su confrontación con Hegel definió con precisión una actitud que sería la de los nihilistas y, en parte al menos, la de los terroristas. Proporcionó de este modo un tipo de transición entre los grandes señores idealistas de 1825 y los estudiantes «nadistas» de 1860.