El hombre rebelde
El hombre rebelde Si añadimos, por último, a estas observaciones que Marx debió a los economistas burgueses la idea exclusiva que tenía de la producción industrial en el desarrollo de la humanidad, que tomó lo esencial de su teoría del valor-trabajo de Ricardo, economista de la revolución burguesa e industrial, se nos admitirá el derecho a hablar de su profecía burguesa. Estas comparaciones apuntan tan sólo a demostrar que Marx, en vez de ser, como quieren los marxistas desordenados de nuestro tiempo, el comienzo y el fin[50], participó por el contrario de la humana naturaleza: fue heredero antes de ser precursor. Su doctrina, que pretendía realista, lo era en efecto en el tiempo de la religión de la ciencia, del evolucionismo darwiniano, de la máquina de vapor y de la industria textil. Cien años más tarde, la ciencia ha encontrado la relatividad, la incertidumbre y el azar; la economía ha de tener en cuenta la electricidad, la siderurgia y la producción atómica. El fracaso del marxismo puro para integrar tales descubrimientos es también el del optimismo burgués de su tiempo. Hace irrisoria la pretensión de los marxistas de mantener inmovilizadas, sin que dejen de ser científicas, unas verdades viejas de cien años. El mesianismo del siglo XIX, ya fuera revolucionario o burgués, no resistió a los desarrollos sucesivos de esta ciencia y esta historia, que en diferentes grados había divinizado.